Atiende a mi delicada prosa que puede bifurcarse en poesía, mezclo tantos sentimientos que nunca me entenderé, ¿Qué pasa? ¿La amo o la quiero? qué más daría si solo quiero verla sonreír, no quiero amarla todavía, quiero que eso ocurra mientras bailemos al son de mi bella melodía, la cual retumba, la cual sucumbe en mil lágrimas, la cual insiste en no brotar, amada mía; por ti tejeré las más amadas poesías.
Qué siente este ser será siempre un misterio, añorado tiempo en el que no sentía, pero qué digo, si forjo una imaginada utopía; a tu lado, por supuesto. Quién es el privilegiado que supo cargar este peso y nunca se quejó, quién se atrevería a llorar sin siquiera una lágrima emanar. Vuelve a mis brazos aunque nunca hayas estado, por lo que más quieras no te alejes de mí sin teñir mis venas con tus besos, mi piel tirita la necesidad de tu tacto, mas me postro ante ti, suplicando tu compañía, qué hipócritas mis palabras, jamás te contaría cuán grande es mi amor, amada mía; por ti puliré las más trabajadas poesías.
Ven siente lo que siento y verás que no hay ni una pizca de superficialidad en mi deseo, es tu palabra la que me fascina, que tu sonrisa te llene tu bello rostro de una felicidad inmensa, ven siénteme, sólo toca mi mano con las tuyas, haz de lo mío tu terreno, ven acaricia mi piel que te pide un roce, solamente un simple rozamiento lleno de la magia que tu perfecto cuerpo a mis ojos, puede crear de la nada, como una ciencia exacta en el que me da igual tu físico, pues los sentimientos se sienten mejor al cerrar los ojos, y los tuyos rebosan magia, amada mía; por ti esculpiré las más sinceras poesías.
Quiero que tu sinceridad bese el aliento de mi amor, empujado por la alegría que le susurra a mi iluso corazón tu nombre, dile a tus abrazos que dialoguen conmigo pues mis caricias desean discutir por qué la temperatura de mis venas aumenta al verte, en el ala oeste de mi tambor guardo las fantasías que tú protagonizas, en todas las demás guardo un espacio para que lo rellene tus besos, que doy por seguro, poniendo mi mano en el fuego, que esos tan anhelados besos saben a felicidad, amada mía; por ti incubaré las más preciadas poesías.
(Si tan siquiera supieras lo que siento...)