sábado, 1 de junio de 2013

El chico que nunca estuvo allí.

El sentir está ausente, no sé qué hacer ante esta situación, no soy un ser demasiado social y no conozco cuál es el protocolo en las fiestas, yo me siento más seguro en mi casa, a esta hora sólo conozco lo que es jugar a una consola, pero ella está aquí y me esforzaré por aparentar que me gusta estar aquí, aunque no sepa cómo actuar, necesitaré fingirlo, no puedo, no tengo esa habilidad de pasármelo bien en estos sitios, aunque hay una forma, una forma muy fácil de hacerlo, pero que me cambiará por completo.

Esa copa llena casi toda de alcohol etílico, rebajado con algún brebaje sin alcohol, para que no me sepa tan fuerte, pero que siga invadiendo mis venas igual, para evadirme de mis temores, mis miedos sociales y mi falta de confianza, solamente quiero poder verla, sonreír y hacerla reír, que recuerde mi nombre el día siguiente, y que quizás, sólo quizás, sea un día que recordaré durante el resto de mi vida, pero sé que eso no pasará por mucho que lo desee -y mira que lo deseo con ganas-.

Ella no prueba ni una sola gota de alcohol pero baila mucho, mucho más que yo -que no podría llamar a lo que yo hago bailar, pero lo intento-, no se cansa, está activa todo el rato. Es envidiable, y yo aquí bebiendo copa tras otra para no tener vergüenza, -qué pena-.

Quisiera ser como ella y quisiera poder estar con ella, a su lado, simplemente conversando, ausentes del barullo y del gentío. Poder dejar de mirarte con tanto deseo, que tu forma de ser me enamora, y que tus tonterías me emboban y me hacen desear ser como tú. ¿Cómo puedes hacer todo lo que haces, sin una gota de alcohol recorriendo tus venas y atontando tu mente?

Algún día sabré cómo actuar sin la necesidad de intoxicarme, sabré cómo acercarme a ti y decirte al oído lo mucho que me haces reír y lo mucho que grito sordamente "Quiero probar tus labios".