lunes, 10 de marzo de 2014

A merced del tiempo.

Terminé hallado entre inexplorados senderos del presente, impredecibles como el futuro, imposibles como el pasado. Besé el tiempo que jamás cesa, el impredecible reloj que me expresa, el paso de la vida y el camino de la muerte. Elegí el cielo como guía, por sus estrellas, no por nada más. Los astros y los planetas me iluminan el sendero y espero yo que me muestren los estragos del tiempo, en mis manos cicatrices áridas. En mis besos, pasiones invisibles, pues mis labios viven del abandono y mi corazón se siente solo. Como yo.

No para el tiempo, y más se nota cuando lo miras; imparable, inefable e incurable pero lo cura todo. Dónde están mis días, dónde se esconden mis noches cuando pasa el tiempo. Mi único tiempo, que se agota inagotablemente. Sin cansarse, sin dudarlo, a un ritmo frenético cuando quieres darte cuenta. Que ayer hice dos décadas y antes de ayer era un niño feliz. ¿Qué pasó con mis recuerdos? Se los comió el tiempo y nada más. Quién osó perturbarte y acelerarte cuando menos lo deseo, quién osó ralentizarte y detenerte cuando sufro. ¿Quién te controla, la muerte, la nada o solo tú?. Quién lo diría, quién.

Traté de aprovecharte y el sufrimiento echaste sobre mí, traté de mejorarte y el tiempo me acortaste así. No entiendo ni entenderé, antes te imploraba clemencia, ahora te suplico piedad, que envejeces mi mustio rostro y mi corazón vacío está. Mis rasgos denotan cansancio y mi voz demuestra ebriedad, que sin estos dolores no soy nadie y sin ellos me siento solo, muy solo; tan solo veo tu soledad más despojada de la libertad, pues te encarcela. Enferma y luego presa de la mala suerte del acero hallado. Si tu piel reza por que no la atraviese una aguja y mi piel vela por la tuya. Es tan osado el tiempo, antes te reía y ahora te besaría, y claro es,  que te veo mejor ahora que nunca y el tiempo me dejó fermentar tu amor. Y amor por ti tengo de sobra, pero por mí, ni un simple gramo. Dichoso tiempo.