viernes, 14 de marzo de 2014

No era lo que soy.

He decaído, he desaparecido de mi estandarte, he abandonado mis ilusiones y he dejado mi arte. Mis manos ni gozan del revoloteo del bolígrafo sobre el folio vacío. Era tanto y soy tan poco, era tan grande y son tan minúsculo. Era yo o no era nada, pero era y qué soy ahora más que un cadáver del desamor. No gotea la ilusión sobre el charco de la vida, ni se incendia mi pasión. Ya estoy deforestado de deseos tenues, ni débiles ni ardientes. No soy más que un peón abandonado de una mente tirana con mala memoria, un idiota acostumbrado a la sombra y a la deshonra; más allá de la gloria. Uno más entre las muchas espinas de tu rosa.

Hacia dónde se dirigirá mi camino esta vez, hacia abajo seguramente, pues me siento de mala gana. Ni levanto cabeza ni levanto mis penas, ahí estoy yo, en el rincón más recóndito de la estancia, alejado y recluido por la distancia. Ni tus besos me han dado este año, ni tu perfume que tanto añoro, ni tu abrazos que tanto amo. Ya ni mi autoestima funciona, ni mi amor propio se emociona al verme progresar, pues no progreso; o no siento que lo haga por mucho que lo hiciera. Y dónde irá mi ilusión cuando desaparezca, y hacia dónde irá mi perdición cuando crezca y sobre todo dónde estará tu amor cuando mi dolor aparezca.

Siento el verso vacío, siento el párrafo mustio; siento en mis letras frío y siento mi pecho hecho un lío y no me gusto. Me detesto cuando me deshago entre tanta maleza, entre tanto pensamiento hallado en mi cabeza; olvidar la destreza del ser que sufre, y hallado entre tus besos la ilusión que no existe. Esculpir antes era mi meta, pero con palabras mías y con todas mis letras, pero ya no, no soy nada ni soy yo, ¿qué me pasa; qué me pasó? Por favor, mírame, siénteme, quiéreme y por lo que más quieras ódiame.

Si no me quieres menos me ilusionaría, y si me odiaras ya ni siquiera viviría, y ahora es mi gran deseo. Hazlo, rompe mi coraza, rompe mi dulce sensación y mi corazón, vente, acompáñame, vente y ódiame. Haz de mi existencia una vana historia, una basta e inmensa falta de gloria, que la noria cese su giro y que tu voz al matarme me dé el respiro que no hallo entre los vivos, haz lo que más deseo después de tu amor, ódiame, por favor, bésame.