miércoles, 5 de marzo de 2014

Dile adiós al sueño.

Escucho tu voz en mi recuerdo, la siento en mis venas,
escucho tu luz en mi retina, la siento entre mis penas;
me engaño con tu presencia, en mis oculares piscinas.
Viviendo del qué fue y tratando de olvidar el qué soy.

Pisando débil mis abrazos, pernoctaron más que ayer,
si di besos al aire y al abrir los ojos, no te vi; qué fue.
Luchara por lo que luchara muero, o más bien moriré,
ya no te percibo, ya no recibo el abrazo de ti hoy.

Retuerce mi garganta tu dura ausencia, desgarra la faz,
altera el riego, el latido y el suspiro que halló mi paz;
fuiste el espejo en mi pupila, el sosiego tan voraz...
un parpadeo te hizo pasado, tan ciego que estoy.

Sal de mí, sé tan libre
como la Luna que ves,
como el amor en tu tez
y la bala de gran calibre.

Veloz abandóname, todos lo hacen,
veo tu ida, de la que lágrimas nacen,
audaz momento en el que dije adiós
al ficticio acto que nos unió a los dos.

Y me besó tu voz.
Y me cortó la hoz.
Y me hartó la coz de la vida si ardió.
Y qué más da.
Y qué más importó.

Nada, y solo cero.
Cero, y tan nada.
Del beso sincero
a la seca cascada.