Es la ausencia de su amor la que baila en mi desesperación; un roce de su mano, un simple gesto que exalte mi corazón baldío. He afilado el fino borde de mis sentimientos, que secos yacen frente al sol ardiente quemando toda esperanza. Y no estás tú, y nunca lo estarás. Y no estoy yo -en mi mente-, y no estaré jamás.
¿Y dónde se halla el ánimo que perdí, cuándo encontraré la paz que mi pecho suplica, cómo podré volver a sonreír más que en vano; es más, por qué mi mente no reposa entre la desmesurada suavidad de mi almohada?
Quise valerme por mis emociones, pero erróneas me trajeron desamor; quise valerme por mis sentimientos, pero cobardes me trajeron terror. Y morí, entre el desatado nudo de mi íntimo infierno, y el encuentro insano de mi memoria con tu imagen. El olor de tus anhelos ronda mis labios, destruyendo lo que antes vi sonreír, desgarrando el antiguo amor y el presente vacío.