viernes, 26 de octubre de 2012

Todas las noches.

Como un humilde caballero que presta sus fieles servicios a su reina, empuñaré mi espada y mi escudo os protegerá de las adversidades que puedan dañar su tan suave piel, correré por numerosos y cálidos desiertos en busca de agua que os complazca y alivie la sed, mi mano le servirá de apoyo cuando lo necesite y mi hombro de pañuelo que recogerá cada una de sus lágrimas cuando no vaya todo bien, podrá vivir sin preocupaciones, yo las asumiré, podrá yacer en su inmenso jardín contemplando el cielo despejado.

Podré sentir su perfume cuando pase a mi lado y me dirijas la palabra, su bello rostro que no necesita ni una ínfima cantidad de maquillaje para destacar y sorprender al público, un caminar tan activo y femenino, fuerte y decidido. Ser su amuleto y otorgarle suerte, espantar cualquier indicio de soledad, arremeter contra cualquier problema en su camino.

Pero lo que más destaca en mi fiel servicio, es que cada noche podré decirle a su mente lo que ella quiere escuchar, decirle que ningún monstruo o mal podrá perturbarla pues tendría que atravesarme y derrotarme antes, el frío no será un problema pues mi cálida voz te arropará la tenue noche, su sueño plácidamente se conciliará hasta llegar al punto en el que ya no existan preocupaciones, cuando esté usted segura y navegue en el vasto océano de sus sueños, en ese mismo y preciso instante, volveré a mis aposentos en donde yo dormiré con su imagen somnolienta entre mis brazos que hace solo escasos cinco minutos era real, cerraré los ojos y me uniré a ese precioso mundo al que llamamos fantasía.

Como todas las noches.