sábado, 23 de marzo de 2013

Dulce pesadilla.

        Día sí y día también, resumiendo; siempre. Ese es el tiempo que paso añorándote, no para que estés simplemente a mi lado, sino para que corretees en este mundo que te otorgó tu madre al nacer, porque allá donde estés era tu destino de todas formas, pero nunca quise que fuera tan pronto, hace hoy exactamente 2 meses que me dijiste adiós; a mí y a todos los que te queríamos. Sé que fuiste feliz en tu recorrido, pero podrías haberlo sido unos cuantos años más; no pedía tanto, solo un lustro, un poquito más.

          Tantos segundos que desaparecen y me hacen pensar en lo muchísimo que te llegué a querer, y lo mucho que te echo de menos ahora, mi pequeño. Puede ser que me torture cada noche fantaseando con un presente paralelo, en el que tú, mi pequeño, sigas con vida. ¿Soy egoísta por todo esto? Sí, pero eso no significa que no desee que estés vivo simplemente porque te merecías vivir. Fuiste un gran paso importante en mi vida, cambiaste mi forma de pensar, me hiciste pasarlo mal cuando te dejaba a solas, preocupado por lo que te podía pasar, responsable de tus actos como si fuera un padre. Te vi crecer, aprender, dormir conmigo, corretear conmigo...

         Simplemente sé que el tiempo que pasé contigo, ha sido lo mejor, lo más importante y lo más bello que me ha ocurrido jamás. Mis brazos recordarán tu tacto, tu olor, tu forma de andar y de saltar, tu forma de ser, tu forma de vivir, resumiendo, todo. Por eso recordarte es una dulce pesadilla, dulce porque estuviste y una pesadilla porque no estás, mi pequeño.