Como de costumbre mis manos son capaces de hacer milagros y obrar por mí en momentos turbios que alteran mis emociones, pero más lejos de alterar, perturbar es lo que más se asemejaría mi realidad, he sentido cosas increíbles, pero que terminan en un dolor y una paz que juegan al unísono para destrozarme el alma.
Más lejos de ese sentimiento leve y moderado soñé con ella, fantaseé con sus labios, jugué a engañarme para satisfacer ese hueco y destruido vacío de mi pecho. Es raro ese latir que por ella palpitó, nunca la vi tanto tiempo como deseé, jamás hablé con ella tanto como deseé, ni bailé con su sonrisa a dos centímetros de la mía, jamás lo hice. Al menos dentro de la realidad.
Mi pecho erguido y el corazón henchido se cogieron de la mano y miraron al frente sin reparo alguno y me obligaron a articular palabra, lo dije, se lo dije, a ella, que tantos sueños ha ocupado aún sin conocerla bien, este iluso consiguió decirlo, ¿me rechazó? Digamos que estaba el no desde antes de decirlo, pero no buscaba una respuesta afirmativa, aunque en parte sí.
Pero yo, el ser más cobarde que existe, dijo aquello que tanto le corrompía, soy libre, dolorido pero libre, no he deseado mal a nadie y menos a ella, por favor sé feliz, siempre. Yo, por otra parte, lloraré en mi pozo, pozo en el que soy libre. Gracias.